La importancia de llamarse [palabra clave]

No sé si os pasa a vosotros, pero después de terminar un paper lo que menos apetece es cumplir con todas esas pequeñas obligaciones a las que nos someten las revistas.
¿En serio tengo que escoger cinco miserables palabras clave del conjunto de mi maravilloso trabajo?
Pero, ¡¡si todas y cada una de las palabras que he conseguido parir son clave!!

Bueno, seamos prácticos—te convences a ti mismo—si no las pongo no me deja continuar con el proceso de “sometimiento” (sorry for the anglicism).
¡Pues hala!, lo que sea: zircon, U-Pb, SHRIMP, Pyrenees, Cadomian (por ejemplo).

Y sin embargo, nuestra supervivencia en el actual sistema científico depende de esos nunca suficientes retazos de nuestra publicación. La elección de esas palabras hará que otros investigadores lleguen a ella por medio de diversos buscadores (Google Scholar, Web of Science, Scopus, Georef, los tres últimos son de pago) o que las editoriales sugieran nuestra publicación a lectores que han descargado o visionado papers de temática similar.

No pasa nada si nos hace un poquito de ilusión que Science Direct recomiende un artículo nuestro a sus lectores. Pero sin fliparse.
No pasa nada si nos hace un poquito de ilusión que Science Direct recomiende un artículo nuestro a sus lectores. Pero sin fliparse.

De esta manera nuestro trabajo tendrá más posibilidades de ser citado, para mayor gloria de la revista en la que está publicado, que verá aumentar su índice de impacto.
Gracias a ello, con suerte, la próxima vez que enviemos un manuscrito a esa revista, nos costará menos “ser publicados” porque somos unos verdaderos best-sellers, una especie de columnista de élite de un periódico de gran tirada; los lectores de esa revista en cuestión esperarán ansiosos cada número en busca de nuestra aportación a la Ciencia.
Además, nuestro índice h alcanzará niveles estratosféricos ya que, al ser tan citados, el vulgo leerá otras publicaciones nuestras, anteriores a nuestro éxito, y serán todas citadas, incluso sin venir a cuento.

Como veis, en este mundillo ayuda no tener abuela, pero procurad que todo esto sea únicamente un monólogo interior; que no se os vaya de las manos.

Considerando también la cantidad de artículos que son publicados cada mes (sin contar la larga lista de artículos aceptados on-line que corren el peligro de quedar desfasados antes de publicarse en papel) y la decadencia de nuestros hábitos lectores (aunque esto no está del todo claro), deberíamos quemar todas las naves para que nuestro trabajo llegue al mayor número de personas posible, porque nosotros lo valemos.

Así que ahí van un par de consejos para que nuestra publicación tenga el número de citas que merece. Bueno, el que nosotros, en nuestro fuero interno, pensamos que merece (que, por supuesto, nunca será suficiente).

  1. Elige bien las palabras clave. Lo más fácil es ver las que usan publicaciones similares. Debemos curiosear en las referencias que hemos consultado, a ver qué palabras clave utilizan otros autores. Pero si realmente lo queremos petar y parecer unos verdaderos profesionales lo que hay que hacer es investigar cuáles son las palabras clave más buscadas. Y no vale poner free sex, porn, GH15, MMYHHYVV o Belén Esteban, que os estoy viendo venir. Lo mejor es que uséis el Tesauro de la biblioteca de vuestra institución, donde podéis encontrar los términos usados para la clasificación de los libros. En mi caso, usaré el Tesauro de la UCM (las editoriales también tienen sus tesauros, por ejemplo, GeoScienceWorld). Luego, podéis recurrir a la herramienta Tendencias (Trends) de Google y ya jugar con ella. En la siguiente figura os muestro cuál de los siguientes término es mejor, si Cadomian, Ediacaran o Neoproterozoic.

    De las tres opciones, más me vale usar Ediacaran si quiero que alguien encuentre mi publicación. Los otros dos términos no los usa ni el tato.
    De las tres opciones, más me vale usar Ediacaran si quiero que alguien encuentre mi publicación. Los otros dos términos no los ha buscado ni el tato.
  2. Cita las publicaciones más importantes sobre el tema que estés tratando. Tenemos una tendencia natural a citar las publicaciones más recientes, ignorando los clásicos (que pueden ser incluso de los 90 o la primera década del nuevo siglo). Pero si existe un paper de los llamados “seminales” (con perdón), debemos citarlo, por muy antiguo que nos parezca (sigue leyendo y sabrás por qué).

Estrategias para buscar bibliografía

Podemos experimentar la importancia de las palabras clave de manera inversa, es decir, usándolas para encontrar referencias que nos resulten útiles en nuestra investigación. De hecho, escribo esta entrada porque justo estos días quiero encontrar publicaciones sobre circones eclogíticos crecidos a partir de un fluido o un fundido. Lo más obvio es meterse en un buscador de los ya mencionados y buscar palabras clave (no debéis perderos estos consejos).

Google Scholar en acción.
Google Scholar en acción.

Aunque ya sabemos cómo funcionan las palabras clave. Tal vez el autor del paper que estamos buscando es de esos a los que se la suda lo de las keywords y nunca encontraremos ese trabajo que posiblemente sea clave para resolver nuestro problema.

Pero hay otra manera. Sabemos que hay un mítico paper que todo el mundo cita como ejemplo de circón eclogítico crecido a partir de un fluido o fundido, en este caso Rubatto y Hermann (2003), como bien nos ha buscado Google Scholar. Vemos que ha sido citado 325 veces. Podemos ordenar esas citas por fecha de publicación y así tener un listado de publicaciones que posiblemente traten de circones eclogíticos generados a partir de un fluido o fundido. A mí me interesa saber específicamente si estos circones tienen todos valores bajos de su relación Th/U. Ahora ya sé dónde encontrar esta información.

Pues esto que os acabo de relatar los anglosajones lo llaman forward citation chaining (encadenado de citas hacia delante, aunque seguro que hay un término técnico mejor) y tenéis una maravillosa explicación de cómo funciona en este tutorial de la Universidad de Sydney (no temáis, se entiende perfectamente a pesar del acento australiano, que es de los acentos anglosajones más infernales).

Una reflexión final

No debéis olvidar que todo este rollo de las publicaciones y la métrica de nuestro trabajo es un negocio. Las editoriales ganan una fortuna a costa del dinero público por quedarse con nuestros derechos de autor. En algunos casos incluso, además de tener que pagar nosotros por publicar, nuestra biblioteca tiene que pagar por duplicado para acceder a nuestras publicaciones: una suscripción a la revista y el canon de las fotocopias.

Robando dinero público solo se lo montan mejor los bancos.

Y encima la tan cacareada revisión por pares, uno de los pilares en los que basamos la superioridad de nuestra amada Ciencia frente a otras disciplinas “pseudocientíficas”, les sale gratis.

Con las empresas que se dedican a la bibliométrica ocurre tres cuartas partes de lo mismo; en este caso, aprovechan los instintos más rastreros que puedan presentar los científicos para sacar tajada de ellos. Soberbia, codicia, envidia, arrogancia, vanidad, fatuidad, etc. son los “valores” que algunos científicos invocan, bien para publicar en las revistas de mayor impacto, bien para guiar sus relaciones sociales en función del número h, y/o para imponer sus propias publicaciones cuando actúan de revisores.

Cuando empezamos en el mundillo académico no nos queda más remedio que pasar por el aro: elegir bien las revistas, que estén en el primer cuartil, conseguir que nos citen (pero usando maneras “legales”, no encasquetando nuestras citas en las revisiones que nos encargan). Es la única manera de acreditarse o de conseguir un post-doc decente.

Pero no perdamos el norte, tengamos claro siempre el juego que estamos jugando. Por cada hora que estamos encerrados en el laboratorio o perdiendo la vista escribiendo delante del ordenador, hay un ejecutivo de una editorial que viaja en jet privado para irse de vacaciones a una exclusiva isla perdida en las inmensidades del Océano Índico.
Si seguís obsesionados con el tema de la métrica después de conseguir una posición estable, hacéroslo mirar.
Y si os topáis con alguien así, huid como alma que lleva el diablo.


Actualización 10 marzo

A veces me da por pensar que la última parte de esta entrada está un poco fuera de lugar y que me he pasado tres pueblos.

Pero ya no. Leed esta entrada sobre el Hybrid Open Access y flipad.

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4 pensamientos en “La importancia de llamarse [palabra clave]”

  1. Menos mal, que no publico en revistas, solo escribo en mi blog, lo que me apetece, lo que me gusta y el que me quiera leer pues encantado y el que no pues que…. pero en principio escribo para aprender y obligarme a leer más artículos, de todas formas como siempre Pedro buen artículo, seguimos en contacto. Un saludo

    Me gusta

    1. Pablo, no quisiera que te quedaras con una impresión negativa del proceso de publicar el conocimiento científico. Ordenar tus ideas para transmitirlas por escrito es realmente apasionante y, por supuesto, todos queremos que nuestra querida idea tenga la máxima difusión a través de las mejores revistas. A mí personalmente, me costó mucho ponerme a escribir, pero una vez que te pones, ya no puedes parar (siempre que tengas alguna idea buena, claro).
      El problema es que hay gente obsesionada con ese tema que prefieren la cantidad antes que la calidad. Simplemente, advierto sobre el peligro de caer en esa trampa.
      Creo que voy a hacer una serie sobre el tema de las publicaciones y la siguiente entrada será sobre cómo hacer un buen resumen.
      Seguimos hablando.
      Pedro

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